¿Por qué no se deben abandonar los tratamientos médicos hasta que el médico lo indique?

Algunos fármacos pueden generar una acción de control sobre una determinada función biológica que puede exacerbarse cuando estos son suspendidos; esto ocurre con algunos medicamentos en los que existe el denominado ‘efecto rebote’ (algunos analgésicos, algunos relajantes musculares, algunos fármacos de efecto anticoagulante…) pero este fenómeno en realidad no es muy frecuente.

En otros fármacos lo que puede suceder es que el organismo se acostumbre al efecto del medicamento, que haga que se agrave el problema de salud que venían controlando, cuando el tratamiento es interrumpido.

Esto puede suceder por ejemplo con algunos fármacos para el tratamiento de la angina de corazón, como los betabloqueantes o los calcioantagonistas, cuya suspensión ha de ser siempre progresiva y controlada por el riesgo de reaparición de crisis de dolor anginoso.

Otros buenos ejemplos de esto son los anticonvulsivantes (fármacos para controlar la epilepsia) o los fármacos psicológicos que generan adicción, como los ansiolíticos del grupo de las benzodiacepinas, cuya suspensión genera un cuadro de malestar por abstinencia, más importante de lo que muchos consideran.

Otro ejemplo muy típico de una suspensión peligrosa son los esteroides orales o inyectados, los cuales deben seguir siempre una pauta de descenso de dosis, progresiva y escalonada para evitar la aparición del síndrome de deprivación corticoide, que puede ser especialmente grave según el caso.

Existen más casos de efectos característicos perjudiciales por la suspensión de unos u otros fármacos. Por ejemplo, el acortamiento indebido de un tratamiento antibiótico a veces puede impedir la curación completa de la infección, favoreciendo la aparición de resistencias al antibiótico empleado en las bacterias supervivientes infectantes. Por ello es tan importante seguir los tratamientos antibióticos prescritos por el médico el número completo de días que por éste se indican.

De cualquier modo, el mejor conocimiento del grado de perjuicio que tiene la suspensión de un determinado tratamiento la tiene el médico por encima de todo, y es a él a quien debe acudir siempre que quiera consultar específicamente sobre algún fármaco en concreto.